… Bueno fuera. Ahora tengo un mini Kaito mirándome desde la repisa de mi escritorio. Sus ojos azules y profundos me perturban de maneras imposibles. Y hablando de perturbaciones, les contaré una que aconteció recientemente en el rancho del buen Hector.
Sucede que mi camarada cumplía años el sábado anterior, y tras un largo día que comenzó con un rico plato de asado de puerco con papas (porque los militares son lo que ustedes quieran, pero cocinan bien sabroso) y un largo rato de marchar y temer por nuestra integridad física, llegó el momento oportuno y perfecto del reventón. Use de mis mejores ropas, llevé mis mejores licores, y me acompañó la despampanante Beth, entrañable alumna que nunca me supo hacer ni una rima. Todo partió excelente, incluso el reencuentro con mi viejo camarada Godot, con quien estuve largo rato de la noche charlando sobre toda clase de cosas filosóficas, psicológicas y futuras. El primer incidente de la noche (Si, el primero), fue la aparición de un demoniaco cancerbero en el baño de damas, que las chicas advirtieron con un grito de macabro espanto, y les juro que si no fuera porque escuché los ladridos, habría quedado en mi mente la idea de que Hector les enseñó [DATA EXPUNGED]. Vodka, Ron, música, la noche se hacía más fría, así que nos acercamos a la fogata… Entonces sucedió el segundo incidente de la noche. Godot abrazaba a la joven, quien se sonrojaba, y su respiración agitada revolvía los instintos de mi cabellera; hubiera preferido que fuese lo que yo pensaba, cuando ella declaró que no podía respirar… En efecto, no podía respirar. ¿Por qué no nos dices que eres asmática, mi vida? Para no hacerles muy larga la historia, les diré que estuvimos dos horas estabilizándola antes de poder llevarla a su casa a descansar. Si están pensando en un hospital, les diré que tambien se nos ocurrió. Qué mal que no qusieran atender a chavitos borrachos, ¿Verdad?
Lo que quedó de la madrugada la pasé encerrado en la cajuela del Platina, cuando emprendimos el camino a casa. Fue un viaje agradable, bastante cómodo. Siempre me ha gustado viajar ahí. El resto de la semana, hijitos, se ha ido en cuidarme de una extraña sensación de fiebre que amenaza la poca salud que me queda; ahora mismo soy víctima de espasmos y mareos, nauseas y ojetes ganas de vomitarme. Me gustaría cerrar los ojos y descanzar un momento… Pero ha surgido un nuevo caso: Un extraño giro en la vida cotidiana de un Maestro y su aprendiz. Aquellos interesados en seguir el caso, espero que tengan algo que ayude y no nomás vengan de conchas.
Sin más que relatar, me despido. Quiero probar el Ace Attorney Investigations, que ya se me cuecen las habas por jugarlo. Probaré a usar El Secreto para curar mi fiebre, en caso de que suba. Nada que el Vodka no arregle.
Hasta la próxima emisión, mis chamacos. And may the Sun be with you!
PD.: Mi vida personal dió un giro bastante curioso los últimos días. Pero no hablaré de eso aquí porque no me da la regalada gana. <.<


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